Después de más de año y medio sin subirme a mi kart, desde aquella carrera en Moraleja que coincidió con mi décimo aniversario de casado, aquella mi primera carrera, donde bomba de frenos y embrague no me dejaron ni correr ni acabar, después de mucho llover en estos dos últimos inviernos, el pasado sábado volví a subirme a mi MacMinarelli.
La ocasión la pintaban calva. Una paellada en KartingTalavera, a un precio irresistible, y un montón de pilotos con los que interactuar.
Así que terminé de arreglar mi kart, bueno, Pedro, el mecánico de KartingTalavera se dedicó a ello, y cuando pude, salí a pista.
La verdad es que tenía ganas de reencontrarme con el olor del aceite de dos tiempos, con el sonido del molinillo a casi trece mil vueltas, con mis amigos y con los que no lo son aún, con el alfano que no hace más que recordarte que estás muy lejos del resto...
