Como quiera que los objetos actualmente los hacen con el menor costo posible, y como quiera también que mi especialización con la máquina de soldar no es precisamente de profesional, tal y como se le rompió a mi hija el carrito portabebés de juguete que tiene y decidí soldarlo, sabía que iba a romper más que arreglarlo...
A ver, entrando en materia, el carrito una vez soldado...
... y el detalle de ambas soldaduras, con el hueco más grande que cuando comencé a soldar, aunque, eso sí, perfectamente sujetas:
Bueno, además de la necesidad de cubrir los agujeros nuevos, también tocaba limpiar, lijar, y pintar lo estropeado por el calor de la soldadura.
Pero vayamos por partes. En primer lugar, a rellenar los huecos. Para ello, le pedí prestado a mi hermano los restos de un producto que sé que ha utilizado en arreglar, por ejemplo, la barandilla de su casa.
Este es el aspecto del producto, antes de empezar a amasarlo: