Cita del día.

lunes, 26 de agosto de 2013

Adquisición de cámara subacuática.

Este verano, estando de vacaciones en Marina D'Or, vi con cierta envidia (sana) a diversas personas que en la playa, o en la piscina, sacaban fotos sin miedo a mojar la cámara.

Y claro, con la cantidad de fotos que hago, me vino a la cabeza una idea. Yo no podía estar más tiempo sin poder hacer fotos bajo el agua, o en la piscina o el mar con un tremendo cuidado para evitar que se mojaran mis cámaras.

Estando como estaba cerca de Castellón, lo más fácil fue echar mano de Media Markt, y desde el apartamento, ver cómo estaba el tema de precios y marcas, para luego acercarme a la tienda física y terminar el negocio allí. Como candidatas ví una Polaroid, por unos cincuenta euros, y una Nikon, por unos cien.

Una vez decidido que iba a adquirir una (aún no sabía cual) pasé primero por el Alcampo del Centro Comercial Salera, donde ví otras tres candidatas muy baratas. Pero enseguida las descarté, porque o carecían de pantalla, o de autofoco, o no tenían zoom óptico, por lo que, a pesar de que mi premisa era gastar poco dinero, serían bastante inútiles.

El caso es que una vez en Media Markt, la primera opción, la Polaroid, estaba agotada. Y la segunda opción, la Nikon Coolpix S31... casi. Sólo estaba disponible la cámara de exposición, que por supuesto, me llevé.





Esa misma tarde, aprovechando la carga que quedaba en la batería, y tras encontrar en el coche una tarjeta MicroSD y un adaptador a SD, me dispuse a probar la cámara. Ésta es la primera introducción en el agua:


... y la foto que salió.


El caso es que estoy encantado con la compra. Entre los pocos días de playa que quedaron tras adquirirla y los muchos días de piscina en casa, en el momento de escribir esta entrada llevo más de dos mil fotografías hechas. ¡Y aún queda verano!

¿a quien no le gustan las fotos subacuáticas? No dejan de ser puntos de vista no convencionales, que llaman la atención, y aportan un nuevo enfoque a nuestra vida cotidiana.

Eso sí, hay una serie de puntos que desconocía, y a los que me enfrento al sacar la cámara de la funda, que juegan en contra del fotógrafo, y que enumero a continuación:

1. La cámara tarda en enfocar.

Estoy muy acostumbrado a mi Canon EOS400D, que enfoca con una rapidez muy buena. Y a mi Canon IXUS70, que aunque más lenta, también enfoca con cierta rapidez. Y a mi SAMSUNG WB600 que, a pesar de no ser demasiado rápida buscando foco, hace unas fotos increíbles para ser una compacta. A lo que no estoy tan acostumbrado es a lo que tarda mi Nikon en encontrar el enfoque.

Haciendo fotos en la superficie, no hay demasiado problema. Empleas el tiempo necesario, y ya está. Aunque si quieres fotos de acción... cuesta algo más de trabajo. Pero se pueden conseguir:



El problema llega cuando las fotos son bajo el agua. Y más si hay acción, como cuando he intentado fotografiar los peces en la playa. La falta de visión de la pantalla, impide que veas si está enfocado el sujeto, por lo que salen muchas fotos inútiles.


2. La pantalla no se ve bajo el agua.

Esto no te lo explica nadie. Pero es así. Una vez metes la cámara bajo el agua, la refracción hace que, a pesar de las tres pulgadas de pantalla, o te la pones justo enfrente de los ojos, o no ves nada. Y entonces, toca elegir. O encuadras lo que quieres fotografiar, o ves lo que hay.

Poco a poco, vas acostumbrándote a esta circunstancia, y vas cogiendo un poco de maña a la hora de encuadrar, pero realmente es un problema. Y como antes dije, salen cientos de fotos que van directas a la papelera:


3. La perspectiva cambia notablemente.

Otra de las propiedades de la unión de luz y agua es la refracción, y no nos acordamos de ella hasta que nos ponemos a hacer fotos bajo el agua. Un ejemplo es la siguiente foto, donde se observa totalmente desproporcionado lo que hay sobre y bajo el agua:


Básicamente, lo que ocurre es que todo se ve mucho más cercano, aumentado, y si calculamos hacer las fotos a una determinada distancia, se sale del encuadre, obligando a alejarnos del sujeto a fotografiar (lo que conlleva un nuevo problema). Recordemos que, básicamente, no se ve la pantalla bajo el agua.



4. El agua del mar es muy turbia.

Parece mentira, pero hay gran cantidad de materia en suspensión en el agua del mar. Y digo que parece mentira porque estamos acostumbrados a ver los documentales, donde ni se ve dicha suciedad, ni hay problemas de luz o de reproducción cromática.

Cuando te pones a hacer tus propias fotos... te encuentras con imágenes como estas:




La solución está clara. Hay que huir de las aguas arenosas, y buscar las zonas rocosas. Sólo así se pueden sacar otras fotos más buenas. Pero claro, depende de donde nos encontremos...




Nota mental: He de practicar más este verano. Habrá que acercarse a alguna playa portuguesa con rocas, para seguir experimentando.

5. El agua de la piscina no es tan clara como parece.

Depende mucho de las piscinas. Y de la hora a la que se toman las fotos. Pero te encuentras con que a medida que se aleja el sujeto, más turbio se fotografía, más difuminado:


Si las fotos las tomas más cerca... se ven tremendamente más nítidas:




¿Demasiadas pegas? Puede parecer que sí.

Pero como colofón, he de recomendar la compra de este tipo de cámaras. Por supuesto, muchas -pero muchas- de las fotos que se hagan, irán a la papelera. Pero las que queden, serán diferentes. Y algunas, saldrán incluso más que bonitas, espectaculares.

Sólo pongo una pequeña selección de fotos donde no se puede identificar a los sujetos, por razones de privacidad:















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